Raticio:
He hecho un alto en mis diligencias por mudarme, porque sé que pronto cumplirás un año (¡CARAMBA, CHICO, PARECE MENTIRA QUE YA HA PASADO UN AÑO QUE LOCO INTENTÉ QUITARME LA VIDA METIÉNDOME BAJO LAS RUEDAS DE UNA GANDOLA!) de que ya no estás a mi lado para decirme que no lo haga, que me aguante, que algún día se mudarán de esta casa, que pase lo que pase estarás allí para cuidarme. Y bueno, como te lo prometí cuando te enfermaste una vez que te dije que te visitaría si muriese antes que yo...bueno acá estoy para cumplir con eso.
¡Qué tristeza, Raticio! Una gran tristeza me embarga el saber que después de un año sigo creyendo que te has ído de viaje a donde los tuyos en la casa que queda (o quedaba, pues no sé si se fueron tus padres tras tu partida) a dos cuadras de ésta. Una inaguantable tristeza, chico, que no he podido amainar ni siquiera viendo la mirada de tus hijitos ¡TUS HIJITOS, RATICIO, VALE; TAN BONITOS Y TAN INOCENTES! Ratoncitos que jamás verán a su padre, que crecerán sin él y que estarán a la sombra de los cachorros del perro, de los mininos del gato y de los pichoncitos de mi amiga la paloma (me dijo que estaría aquí a las seis y mira que ya son las diez ya de la noche y no ha llegado; bueno, no la culpo: debe de tener muchas cosas qué hacer también y tal vez se le olvidó). Pero en fin: ratoncitos que me dicen "tío" sin ni siquiera ser tu hermano de sangre ¡pero caramba que eramos hermanos de alma y corazón, porque hasta a tu esposa cuidé cuando estabas fuera de la casa visitando a tus padres, y hasta yo te "cantaba la zona" cuando buscabas queso y venía el gato por los corredores!
Tú, por tu parte, eras fiel amigo durante esos poquísimos tres meses que te conocí. Gran luchador, inalcanzable defensor de la paz cuando habían conflictos entre las criaturas más pequeñas del patio (yo, humildemente, me incluyo). Y por demás, gran "echador de broma" ¿Te acuerdas cómo molestábamos al perro, que le mordías la oreja y te metías "soplao" a mi cueva cuando, molesto, te perseguía? ¡Buenos tiempos! Tiempos que, cada vez que los recuerdo, me entristecen (¡como no tienes idea; no sabes cómo te apreciaba, amigo mío!) pero a la vez me fortalecen y me dan confianza porque sé que al recordarte es como si te reviviera una y otra vez. Como si siguieras a mi lado vigilando mis pasos. Pero ahora que me voy, que pronto me iré a otra casa, no sé...
...
Ya, ya sé que debes de estar molesto. Me imagino lo que me dirías si estuvieses vivo. Que no aguanté, que me rendí al último momento, que no fui lo suficientemente fuerte como para resistir esta casa y todo eso... ¡PERO RATICIO, CHICO; ENTIENDE! No pude seguir. Tal vez, si las cosas no hubiesen empeorado tras tu muerte, tal vez Y SÓLO TAL VEZ hubiese querido seguir viviendo...
¿Crees que no me duele a mí también? Aquí pasé maravillosos momentos, en sólo tres meses que fueron como mil años para mí ¡Cuántas cosas pasaron! Y sin embargo, tras ese fatídico día en que la señora te jugó esa mala pasada (bueno; no ella: el marido fue quien pagó la fumigación; pero ella fue quien se lo pidió porque ya estaba "harta de tantos bichos"), yo intenté seguir adelante: primero lo negué, pensando que era otro ratón. Hasta bromeé con eso (¡ Perdóname por eso, amigo!) creyendo que "ese Raticio sí le gusta echarme broma. Nunca aprende"...
Pero esa tarde, quien bastante aprendió fui yo...

Raticio, mi amigo. Ve esas estrellas; tan lindas ellas. Sobre todo esa grandota que se ve allá. A veces la miro y pienso que estás allá, mirándome. Tal vez debes de estar jugando dominó con todos esos que también se han ido este último año y los que se fueron hace años atrás:
Saponio: Viejo gordo baboso con un gran corazón, inmensa sabiduría y larga lengua. Me enseñó bastante: a no creer que los viejos son inútiles, que estés donde estés siempre serás lo que eres y nunca te debes avergonzar de ello, que no debes creer en todo lo que dicen (sobre todo si te lo dice un loro), que todo lo que pasa en el patio se queda en el patio y que uno "nunca sabe lo que tiene hasta que lo pierde"...Bastante intentó reconfortarme cuando toqué con mis macanas tu colita por última vez, y él me dijo esta última enseñanza. Ciego de bola debido a la edad, murió unas semanas después, cuando un carro lo pisó si más no me acuerdo un día domingo...
Yeminia: La gallinita clueca, muy enamorada de Gallardo. Era tan gordita y tan bonita. Ponía muchos huevos y fue excelente madre. No me gustaba su actitud frente a otros (sobre todo a mí, que me veía con repugnancia por ser un "cangrejo"), pero era buena chica: inteligente y muy pulcra. Ella murió no hace mucho, Raticio: este Jueves Santo se la comieron. No pudimos sino enterrar sus plumas, sus patas, sus vísceras y los huesos que esos caníbales dejaron (el perro y el gato estaban tan consternados que no quisieron comerse ni los huesitos de los muslos. Ellos la amaban mucho)
Gallardo El Viejo: El papá de Gallardo. Lo crió cuando éste era un pollito. No lo conocí (todavía no me había mudado). Padre severo pero bueno: le caía a picotazos si se salía del corral, lo acurrucaba bajo sus alas las noches de frío cuando las gallinas no podían hacerlos por distintos motivos y lo apartaba de la porquería que lanzaban los humanos no sólo porque era la comida del perro y del gato, sino porque "un futuro gallo no debe contaminarse de la sobra de seres inferiores". Al igual que Yeminia, también acabó en las fauces de estos trogloditas llamados "seres inferiores" la Semana Santa de hacen ya unos cinco o seis años. Gallardo, aunque fuerte y arrogante como su padre, siempre llora cuando cuenta esto.
Blanquín y Espuma: Ambos eran gato y gata, respectivamente. Tampoco los conocí. Pero me contaban que fueron los primeros gatos que llegaron cuando se mudaron, hacen ya treinta años. Eran un regalo de bienvenida por parte de los entonces vecinos... Blanquín era, como su nombre refleja, tan blanco como la leche pero era con poco pelo. Y Espuma era blanca y lanuda (parecía una motita de algodón). Siempre jugaban y eran ambos la alegría de la señora madre (muerta también) de la señora de la casa, que los mimaba y les daba su comida a base de atol. Cuando la abuela murió de una insufiencia renal (hacen como veinte años), Espuma dejó de comer: rechazaba toda comida, se ponía agresiva cuando la tocaban y no se cansaba de llorar a la sombra de esa mata que está detrás de tu tumba... Después de la quinta cría, la regalaron porque ya estaba viejita (unos diez años después) y no podía dar más gatitos (uno de ellos es el actual gato, creo que de la última camada). Murió a las pocas semanas. Y Blanquín murió de soledad: lo encontraron muerto una noche bajo la mesa de la sala...
Tulio: El perro lanudo (creo que era un pequinés) de al lado que a veces se metía por el patio y jugaba con el perro de la casa ¿Te acuerdas? Dejaba todas las matas destrozadas y las macetas por los suelos. Siempre lo echaban de la casa (la nuestra) a escobazos. Perro sarnoso y con más pulgas de cualquier otro perro que haya conocido. Murió, chico; creo que fue en Diciembre del año pasado. Parece ser que se metieron unos malandros y el perro les brincó. Sólo un tiro seco en la frente ¡Po! Y el perro quedó con los sesos regados por las paredes de la cocina. Por suerte nadie humano (de la familia), en la casa salió lastimado (se trancaron en las habitaciones) y apenas se robaron unas cositas de la cocina; pero a raíz de eso se mudaron ya comenzandito este año. A Tulio le prendieron candela en el patio. Y me dicen que a veces sale su espíritu; cosas que dicen.
Hace poco me enteré que uno de esos maleantes que atracaron la casa también murió, esta vez en un enfrentamiento con la Policía, hace ya como una semana. Creo que el mismo día que murió Yeminia, horas después...
Y así chico. Todos ellos. Si los ves, salúdamelos. Y de mi parte, diles que algún día estaré por allá, cuando estos parásitos que tengo en todo el cuerpo me terminen de matar. Me acuerdo cuando me decías que no comiera tanta ñoña porque enfermaba; y siempre me molestaba ¡Cuánta razón tenías, amigo!
Bueno, Raticio; ahora sí me voy. ¡Cónchale, si ya van a ser las once y media! Me voy no sin antes dejarte esta flor (una rosa, de las que tanto te gustaban y siempre querías robarte una de la florería del centro para tu esposa, cosa que nunca pudiste) para que jamás me olvides y tengas de mí aunque sea un recuerdo.
En paz descanses, Raticio (01 de Abril, 1996- 09 de Abril, 2011)
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